Al fin, o no, ahí va la segunda parte de la crónica... que tambien vienen densa...
TERCERA ETAPA:
Kaiak mar: 16 kms.
Salgo como un toro del redil, ciego, sin pensar en hacia
dónde voy. El kaiak es mucho más inestable de lo que yo estoy acostumbrado.
Debería ser más rápida. El viento lo vamos a tener todo el camino frontal,
completamente frontal, así como las olas. No son muy grandes, pero sin duda no
ayudan. Por suerte, la inestabilidad de la embarcación no se ve tan afectada
cuando el oleaje es frontal.

Con las prisas no coloqué con suficiente holgura los topes
de los pies, ni comprobé el timón. Ando de aquí para allá. A penas me atrevo a
mirar el GPS de la muñeca para ver la velocidad de avance por miedo a
desequilibrarme. No es la primera prueba deportiva que realizo por el delta, y
ello me ayuda ya que conozco que el emplazamiento del faro norte del delta, es
la mejor de las referencias para no hacer mucho más camino del necesario. A los
pocos minutos veo una piragua volcada y la barca de asistencia ayudando al
navegante desafortunado. Poco después veo a otro remero que se dirige a la
playeta del interior del brazo norte que debemos superar. Parece que también tiene
problemas. Mi velocidad no es mala. En muchos momentos supero los 8km/h, que
parecerá poco, pero para mi está bien. En mi entreno en la costa brava unas
semanas atrás, fui más lento.
Los puntos que veía en el horizonte, cada vez más cerca.
Estoy tenso, no tengo claro el equilibrio del conjunto y prefiero remar y remar
sin parar. Me ha dado también rabia la perdida estúpida de tiempo por pardillo.
Voy superando embarcaciones. Los ‘cracks’ en esta prueba, remeros de verdad,
con piraguas de verdad, ni se ven en el horizonte. Mi objetivo es otro, superar
si tengo fuerza a todos los que tengo a tiro.
Tan solo me queda uno que parece navegar a una velocidad tan
solo un punto inferior al mío. No creo que pueda con él. Se ha tapado mucho el
cielo. Del calor infernal del reto del día, hasta tengo frío. Eso ayuda a remar
con más determinación. Afortunadamente me coloqué una camel-back con bebida
recuperadora y voy bebiendo lo máximo que puedo. Cada sorbo puede ser realmente
importante en el conjunto de esta locura.
En el Sprint final hacia el arco de llegada, veo claramente
que no habrá forma de alcanzar al compañero que iba a tiro de piedra. No hay
problema. Hay que cargar la piragua al hombro hasta el arco de meta en la
arena. Que putada. Una hora larga. Podría haber sido peor
No estoy exhausto, pero si bastante fundido. Incómodo, también.
Voy lleno de arena, mojado, no hay lugar cómodo para cambiarse, pero, estamos
en pleno parque natural del delta del Ebro, ¡¡qué narices!!. En meta tengo la
agradable compañía de los hermanos Luís, que igual que hicieron tras la maratón
de montaña, ahí estaban para apoyar. Gracias!!.
Desde la superorganización, montan una sardinada con
alimentos varios que sirven de aperitivo. No he de desperdiciar una sola
molécula reconstituyente, y este pescado azul viene cargadito de Omega 3, que
en la tele lo recomiendan encarecidamente…
La complicada logística sigue a pleno rendimiento. El bueno
de Miquel Armengol, amo de mi piragua, se encarga de subirla al remolque y me
permite vestirme con calma. Me impregno de repelente de los dípteros más
molestos, nuestros queridos mosquitos, banqueros y políticos, digo parásitos
donde los haya… Llegamos al hotel, qué sensación!!.
Gran hospedaje; lástima que sea por tan poco rato. Nos
mezclan a los ‘llops’ en habitaciones de 3. Perfecto, así compartimos batallitas
y estrategias de superviviencia futuras. La cena estupenda. Al fin un primero,
segundo y un postre… y con cubiertos!!. Buen servicio. Toca subir a intentar
descansar. A las cinco de la mañana tocarán diana para desayuno… jeje. Mis
compañeros se estiran en la cama. Uno roncaba, pero está tan petado que ni eso.
Yo prefiero meterme una sesión de compex tirado en la escalera del hotel (vaya
imagen…), para no molestar a los compis mientras quemo las teclas del móvil con
el guasap. A las 12 pasadas, al sobre, a dar unas vueltas a la cama.
5 am. Desayuno. Intento que sea lo menos dulce posible. Como
todo lo salado que pillo, y corriendo a por todos los trastos y a por la
siguiente… Noche cerrada y repelente de mosquito al canto.
CUARTA ETAPA:
Kaiak río: 24 kms, contra corriente…
Somos ya pocos los supervivientes con dorsal 600, pero todos
muy animados. El día muy tapado, nada que ver con el anterior. Incluso chispea.
Todo son prisas, hay que empezar a las 6 puntuales, que el día será largo…
Entrar en la embarcación desde unas rocas ya tiene su qué. Esta vez me la juego
sin el cubre. Quiero ir más cómodo, con las rodillas asomando. Me meto de nuevo
el camel back bien completito y algo de fruta a mano. Van a ser unas tres horas
de esfuerzo…
Las mañanas nunca son buenas para mi a nivel competitivo. Me
encuentro tocado y pese a que es más que normal, ayer no me costaba adelantar a
gente con la que hoy iba sufriendo a su estela. Tengo problemas con la
dirección. Parece que mi timón volvía a fallar y se quedaba girado y por tanto frenándome
frecuentemente… Las máquinas de ayer vuelven a volatilizarse de nuevo. Son unos
cuatro. Me consigo meter en el grupeto siguiente. Vamos unos cuatro más. El
ambiente es bueno y vamos charlando unos con otros, inimaginables en cualquier
otra prueba competitiva. Vamos desde Deltebre hasta Tortosa. Una morcilla de
camino.
Va lloviendo a ratos y paso hasta frío. Es muy pronto, no
hay temperatura y voy desabrigado. Además vas mojándote continuamente. Llegando
a Amposta, la cabeza de mi grupo hace un stop para comer y beber algo. Veo avanzado
un compay 600 que nos había sacado unos metros y decido no parar. Sin pensar
todavía en liderar el tiempo global de la carrera, no quiero tampoco
desperdiciar oportunidades futuras. A la postre ese compañero seria el mejor
entre los 600 de corto recorrido.
Se me hace pesado, pero el paisaje ayuda. Impresionante el
río Ebro desde su cauce en una embarcación a remos. Lástima que yo soy el
remero… Nuestros enemigos son las corrientes y las algas, que en verano hacen
su aparición en masa al bajar el caudal del río. Me fijo siempre en los remeros
del lugar y trazo su dirección hasta que me quedo primero del grupo y decido
poner en práctica las enseñanzas que había ido adquiriendo con el paso de las
horas y los quilómetros de río. He competido en diversas ocasiones en este río,
pero siempre era en sentido contrario y nadando… nada que ver. En un punto en
el que se ensancha mucho el cauce del Ebro, dudo del mejor trazado y giro la
cabeza. Veo que mis seguidores se habían ido hacia la otra orilla. Hago lo
propio y les imito. En esa maniobra, me alcanza dos y sigo con ellos un buen
rato.
Ya queda poco. Llevamos más de dos horas y media sin dejar
de remar y realmente tengo ganas de salir de la piragua. Tengo el culo y los
lumbares rotos. De los brazos y hombros ya ni me quejo, esta es la última
prueba que los voy a necesitar de verdad. En el tramo final, aprieto un poco me
escapo unos metros. Finalizo con 2.53 a poco más de 8kms/h de media. Vamos
bien!!.
Ducha caliente en Tortosa, comida controlada (toca
correr!!), ropa, la misma que en la piragua. Ya la secaré… Vuelvo a coger el móvil
y los phones… ya no hay peligro de que acaben en el estómago de un siluro.
QUINTA ETAPA: Media
Maratón Montcaro: 21 kms, 1200 kms desnivel acumulado
Para esta etapa, a priori no voy muy preocupado pese al gran
desnivel. Por suerte es toda de asfalto y hay muchos quilómetros con desniveles
asumibles. La clave es ir lo más rápido posible sin destruirse para tener algo
de tiempo para recuperar al máximo para la gran prueba del día, la larga. Una
putadita extra. Tenemos que recorrer algo más de dos quilómetros extras que ni
cuentan ni se contabilizan ya que se hace neutralizada hasta Roquetes, donde se
encuentra la salida real. Voy parado. Fatal de piernas, obvio. La gente que
solo hace esta, disfruta de ese calentamiento. Yo lo detesto. No quiero hacer
un metro extra gratis.
Se da la salida e intento poner un ritmillo de poco menos de
5 el kms para adaptarme a la nueva tortura. Enseguida empezamos a subir. No es
mucho, pero el cuerpo no está para hostias. Creo que voy el primer 600 y eso
está bien. En poco tiempo me alcanza mi compañero de habitación y de remo, que
en la maratón de montaña del día anterior, fue el único que mejoró mi tiempo en
unos tres minutos. Una buena referencia sin duda pese a que el hace la ‘corta’.
Me comenta que un buen ritmo es ir en la aproximación a las rampas de verdad a
6’ el km. Yo le hago caso y transito junto a él. No voy fino, pero creo poder
ir tirando. El tiempo acompaña por fin. Esto con sol de justicia sería bien
distinto. Mi compinche lleva a la familia de soporte y van animándolo continuamente
así como avituallándolo. Yo estoy preocupado porque voy sin bidón (lo perdí en
la maratón de montaña del sábado), y solo están dando agua. Le pido algún gel a
mi amigo de fatigas y muy amablemente me ofrece ayuda. Buff.
Sufro a ese ritmo, pero sé que cuando empiece a subir de
verdad, voy a caminar MUCHO, y una media maratón no se hace sola. Primer
rampote y mi cuerpo me dice, soooooo. Camino todo lo rápido que puedo. Pierdo
la estela de mi compañero. Otro 600, este si de la modalidad llop entera, me
adelanta también. Malo. Creo que es justamente el que llevaba segundo mejor
tiempo. No me pongo nervioso. Queda un mundo. Voy alternando trote ligero con caminata
amplia dependiendo del porcentaje de la rampa, que en ocasiones se encarama en
el 14%. El tiempo pasa muy despacio. La dureza del llop se hace notar. Recibo
los ánimos de Albert Giner, que igual que en la maratón de montaña, coincide cerca
de mí. Esta vez va en btt y intento convencerlo que caminar también es
transitar rápido en algunas circunstancias.
Intento no mirar muy lejos en el horizonte, porque eso te
mata cuando tus piernas van tan justas. Los 600 que llevo delante, dos, no se pierden
tampoco demasiado en la distancia y eso me alienta. Paro en el único
avituallamiento potente que encuentro en la parte dura y me meto unas almendras
con membrillo e isotónico. Buen cambalache para resistir un poco más. Empiezo a
oler a meta. Mi Garmin así me lo confirma. Hasta me encuentro algún pequeño descenso
asfáltico que duele más que ayuda, pero al menos reduce el tiempo de espera
para cerrar la etapa.
Cruzo la línea de meta animado por el speaker que
precisamente es el mismo del Ironcat, donde me tienen ya visto en diversas ocasiones.
BIEEEEEEEEEEEEEEEEN.
Han sido 2h 16 minutos, mi peor marca en una media maratón…
jeje, pero como para ir más rápido hoy…
Tengo ya mucho ganado para ser ‘finalizador ‘ en el llop, y
muchas opciones de ser mejor marca. Ya empiezo a querer ser el mejor tiempo.
Así somos los competidores, queremos siempre más!! Y menos mal de ello…
Como todo lo que puedo. Jamón, pan con tomate, tortilla,
frutos secos… Nuevamente salado. Una visita al señor Roca y ropita seca y nueva…
Dudo en llevar camel back o no . El tiempo parece que se mantendrá tapado por
lo que no creo necesario llevar demasiado líquido. Así no sudaré la espalda y
eso que me ahorro.
no tiene nada que ver con estas etapas, pero la he descubierto ahora... qué posición más pro.. como veis, intento no ir pegado, entrenando para Austria...
SEXTA ETAPA:
Marcha BTT: 110 kms, muchos metros de desnivel acumulado… (murió batería gps a
mitad de etapa)
Esto ya huele a reto conseguido, pero no puedo bajar la
guardia. Aparentemente, pese a tener los músculos muy deteriorados, como he
regulado todo lo posible y he cuidado al máximo la ingesta de líquidos y
sólidos, con mucho énfasis a los batidos de proteínas, recuperadores y sales,
parece que estoy bastante entero. Un inconveniente añadido es que no he tocado
la btt en meses, pero parece que el recorrido es pistero. Yo a asegurar. Tengo
el llop casi en la mano, solo hay que tener la cabeza fría y un gran coraje.
Jamás había hecho tantos quilómetros sobre una btt, y lo iba a hacer tras más
de 15 horas de esfuerzo. Estem torrats!!
Dejo que la gente con energías de sobras se lance y miro de
colocarme en un grupeto cómodo que me sirva de guía en cada dificultad técnica,
cada agujero. Todo ayuda.
Voy con pocos útiles de emergencia. Tan solo una cámara, una
bomba de aire y una multiherramienta sin tronchacadenas ni eslabones de recambio.
Confío en la revisión final que le hice y en el tuberless recién impregnado de
líquido en la rueda trasera, la que más sufre. El terreno era pedregoso y eran
muchos quilómetros, pero mi inexperiencia en este tipo de pruebas me dio una
buena lección.
Llevaba menos de 20 minutos. Descenso rápido, rectilíneo y
pedregoso. Siento un ruido extraño. Voy de pie, semiflexionado y noto como se
me desintegra el sillín… ¡’¿?¿¡?¿
Qué coño está pasando??. Había cambiado el sillín el día
antes de viajar a Tortosa. El que llevaba era muy estrecho e incómodo para
tantos quilómetros. Juraría que lo había atornillado bien, pero quedó claro que
no. El sistema de anclaje es complejo, no es el convencional. Pierdo en el percance
diversos tornillos que hay que encontrar. Mierda. Me tiro a la cuneta y empiezo
a buscar. Nervios. La gente pasa y pasa, el tiempo también. Consigo recuperar
todos los tornillos, milagro, y con la multi, voy haciendo. Pierdo quien sabe
cuanto y lo apretó y coloco como puedo. Hay que recuperar, pienso. Las piernas,
con la mala leche, van solas. Recupero bastantes posiciones y tras un rato de
soledad en un ascenso largo y algo duro, veo uno de los 600 con los que no
había dejado de hablar en otras pruebas, todo un clásico en el Llop, en Carles.
Tras desahogarme un rato, decido avanzar. Sorprendentemente, las piernas me
están respondiendo mejor de lo esperado y siendo cauteloso, uso desarrollos lo
más suaves posibles, con la técnica del molinillo continuamente. Uso todo el
desarrollo buena parte de las subidas. No tiene sentido alguno tirar de plato
mediano en esa situación.
Mi moral es alta. Alcanzo al 600 que me aventajó en la media
maratón en 3 minutos y va segundo en el cómputo total. Le llevo bastantes
minutos y la tranquilidad me embriaga.
Los quilómetros siguen pasando y algo empieza a torcerse. Me
veo clavado en alguna subida y miro la llanta trasera… Si, voy deshinchado. El
tuberless de los coj…nes no ha cumplido su cometido… Quiero pensar que ha sido
un deshinchado fortuito (que iluso), y me paro en una curva a hinchar. Me
alcanza entonces el grupo de 600s delanteros al que había dejado atrás. Mierda
otra vez. Vuelvo a cabalgar con rabia y los alcanzo. Los vuelvo a dejar atrás y
la llanta vuelve a bajar… Rabia al cuadrado. Tengo que tomar una decisión. Así
no voy a llegar. He de cambiar cámara, pero solo llevo una…
Me paro y empiezo maniobra. Me ve un motorista que iba de
asistencia de un compañero. Se portan como ángeles y me echan un cable. Me dan
una cámara y hasta me hinchan la rueda para que no me canse…
Ya no me puede pasar nada más!!, digo. Son cuatro
contratiempos, cuatro paradas ya consumidas, y los 600 ni les veo en el
horizonte. A ver si me viene ahora una pájara y se me escapa ese top time… Mis
piernas vuelven a funcionar bien. No me lo creo. Alcanzo a mis rivales, mis
compañeros, mis amigos ya casi.
La cosa vuelve a ir mal. No puedo ni creérmelo. Miro y la
llanta vuelva a besar la tierra… ¿Qué demonios pasa aquí?... Vuelve a parar,
pinchazo al canto. Cambio la única cámara que afortunadamente llevo por la
caridad de la asistencia. Veo en la cubierta un viaje de una piedra que se ha
comido un taco… Ahí debe estar el origen de todo… Cambio y le meto de nuevo
fuerte. Llego a alcanzar al mejor 600, mi ‘rival’, y transito con él muchos
quilómetros. Llegamos al punto en el que la marcha ‘corta’, inicia el descenso
a Tortosa. El resto todavía tenemos que meternos un puertaco más. Las fuerzas
van recortándose, pero todavía hay alegría en mi pedaleo. Como más almendras,
la clave en este finde (saladas y nutritivas… y RICAS). Iniciamos el ascenso ‘final’.
Me comenta el company que se trata de una subida dura. Vaya, justo ahora.
Enseguida le doy la razón. Vamos al mismo ritmo, que ya me va bien en esa
situación.
Me veo ya en Tortosa con el mejor tiempo. Estoy feliz. El
sol ya luce con fuerza, pero dada la hora de la tarde, ya es casi inofensivo, y
más a más de 1000 metros de altitud. En uno de los peores rampotes, me llaman
al teléfono. Evidentemente, nadie cogería el teléfono en una situación así,
pero yo si. Tenia que asegurar si venía Soraya a recogerme a Tortosa. Ella
venía de la liga de clubs de triatlón y medio quedamos que vendría a verme
llegar y conducir el coche de regreso tras las palizas. No consigo hablar por
la maldita cobertura y vuelvo a perder tiempo y tracción para volverme a subir
en medio del subidón. Arrastro la burra hasta que puedo cabalgar. Pierdo la estela
de mi company. Otra vez!!
Me relajo y vuelvo a coger ritmo. En el primer descenso que
alcanzo, adelanto dos ciclistas y noto algo raro. No quería mirar. Pero lo tuve
que hacer… Otra vez, si. Ya no tenía manera de solucionarlo, tan solo esperar
suerte, que volvió a materializarse en la moto milagrosa… Tenía la cubierta con
un brete que me podría hacer volver a pinchar nuevamente. Por milagro 2,
llevaban una cubierta algo gastada pero correcta, y su última cámara… Ya no
podía pasarme nada más allá de la más de media hora que ya llevaba perdida
entre todo. Perdí la cuenta de todo lo perdido, la verdad.
La rabia seguía en aumento y ello me ayudó a no pensar en
las mil horas de esfuerzo que llevaba. Tan solo quería pedalear y pedalear con
todo lo que tenía para no perder coba con mi ‘rival’.
Aleluya, coronaba el punto de inicio de la marcha y solo
quedaba el descenso rapidísimo hacia Tortosa. Salvo catástrofe, la cosa estaba
hecha.
Disfruté, saboreé como pocas veces en mi vida un final de
etapón tan ‘cómodo’, pudiendo reflexionar y repasar todas las vicisitudes que
seguro todos mis compañeros de fatiga también habrían podido compartir (seguramente
en btt me llevé la palma…).
Entrada en solitario en el parque de Tortosa, con público y
ánimos del speaker, que se había enterado de todos los problemas técnicos que
había pasado sobre la btt.
Una alegría inmensa que es la que justifica siempre
semejante aniquilación de células humanas. La ilusión todo lo puede.
Cuatro supervivientes recibimos la figura del Llop de cobre bañada
en plata como finalizadores de la larga, pero todos subimos al pódium. En mi
caso, gran orgullo por ser nombrado el mejor tiempo de los supervientes. No necesitaba
ningún otro premio o gratificación.
Valió la pena.
Podium de 'triunfadores', porque aquí todos triunfamos!!